El puerto de aguas profundas en Rocha: el proyecto que prometía cambiar el mapa de la región
Durante años se habló de una terminal en la costa atlántica capaz de recibir los buques más grandes del mundo. Qué se proponía, por qué era estratégico y por qué quedó en el cajón.
Por Redacción Uruguay Sustentable · · 2 min de lectura

Uruguay tiene uno de los puertos más importantes del Río de la Plata, pero el canal de acceso a Montevideo limita el calado de los barcos que pueden entrar. De esa limitación nació una idea que ocupó buena parte de la agenda política a comienzos de la década de 2010: construir un puerto de aguas profundas en la costa de Rocha, sobre el océano Atlántico.
Por qué se lo consideraba estratégico
Un puerto así podría recibir buques de gran porte, de los que hoy llegan a pocos puertos de la región. Sus defensores sostenían que Uruguay podía convertirse en la salida natural al mar para la producción de zonas de Brasil, Paraguay, Bolivia y Argentina, compitiendo con terminales más lejanas o más congestionadas.
- Exportación de granos, celulosa y minerales a gran escala.
- Un nodo logístico para el comercio de toda la cuenca del Plata.
- Inversiones en rutas, vías férreas y servicios en el este del país.
Las dudas
La costa de Rocha es una de las zonas naturales más valoradas del país, con lagunas, áreas protegidas y un turismo que vive de su paisaje. Ambientalistas, vecinos y operadores turísticos cuestionaron el impacto de una gran terminal y de la infraestructura que debía acompañarla. También se discutió quién iba a financiar una obra de ese tamaño y si había carga suficiente para justificarla.
El proyecto estaba además ligado a la salida del hierro de la mina de Aratirí. Cuando la minería de gran porte perdió impulso, el puerto perdió a uno de sus principales clientes.
Qué pasó después
Con el correr de los años la idea fue perdiendo prioridad y nunca llegó a licitarse. La inversión portuaria se concentró en ampliar y modernizar Montevideo y en terminales especializadas, como las vinculadas a la celulosa. El debate, sin embargo, vuelve cada tanto: el comercio mundial sigue usando barcos cada vez más grandes y la pregunta sobre cómo conectarse con ellos sigue abierta.
